Limón y jengibre.


Si fueras té serías de limón y jengibre.

Y fueras sólo una taza, concreto, tan concreto, medida exacta, si fueras más me abrumarías, si fueras menos me faltaras.

Áspero, picor de dulce en mi garganta, te sorbería, condimentado, te sorbería con muchas ansias.

Tendrías notas refrescantes, indefinidas, imposible encasillarlas, no serías como la menta, no serías como naranjas.

Simple, sabio y enigmático como las raíces, libertino y descarado como las plantas, de sencillo te me vuelves complejo, intermitente  a temporadas, guardado de lo añejo a lo ligero, amargo, sutíl y joven por dentro, pero duro en la cáscara.

Si fueras té serías de limón y jengibre, equilibrado, regio, raro y discreto.

Alterno, te tomaría a todas horas, sin el rigor de ser manzana o enebro. Sin ser bergamota de compromiso, o anís de recelo.

Genuino, te bebería aunque fuera primavera, aunque fuera otoño, aunque fuera invierno.

Diferente, estimulante, reliquia excitante de sueños.

Si fueras té serías de limón y jengibre, mezclado a deseo, te probaría inconsciente, te encontraría perfecto, viviría bohemia, a solas con tu sabor certero.

Fotografía: Jorge Zubillaga

Texto: Daniela Dávila

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