De ruedas por la ciudad.


Camino al parque tomo mi bici y emprendo el viaje, ante los furiosos conductores me siento diminuta pero feliz, el día de hoy nadie podría borrarme esa sonrisa y es que por una cuota anual de 300 pesos adquirí un nuevo vehículo integrado de diversas experiencias.

Abandoné mis antiguos pasos por su veloz andar, los gusanos de insurgentes por un espacio vital y mis encantadores sueños subterráneos por la agonía de mis cinco sentidos puestos al volante.

De la Condesa a Reforma y de ésta al Centro Histórico, cada detalle es mío, y pasa como un flashazo; desde aquí todo luce distinto, el viento que sopla contra mi cara le da al instante un toque de aventura, tal como los camiones que te empujan con sus voces y sonidos altaneros, tal como la necesidad de vencer el tiempo para llegar antes de que la máquina marque los cargos extra por exceso de uso.

Sobre su elegante rojo y sus ruedas blancas la vida en la caótica ciudad se vive diferente, una vez tomando la ciclo pista es como si fueras un personaje en alguna cinta de Tornatore, el tiempo y el espacio es tuyo, parece que nadie puede verte pero tú puedes verlo todo.

El escenario es completamente tuyo, puedes moldearlo; sin embargo el sueño se rompe cuando te incorporas de nueva cuenta a la bestial humanidad con todas su prisas e impaciencias, con su poca tolerancia y su nula educación vial.

La antigua Tenochtitlan llega a mí o yo llego a ella, ahí me esperan sus vagabundos que sonríen o duermen tirados frente a restaurantes y museos, peatones desquiciados y comerciantes sedientos.

¡Pero momento! justo frente a catedral un espectáculo único del Distrito Federal; en ocasiones me pregunto qué será, un performance, un circo de freaks o sólo la forma en que los mancos, tuertos, enanos y quemados de esta ciudad se ganan la vida.


No importa mañana no será diferente, por hoy me quedan este par de ruedas y el trayecto de regreso, media hora en la que yo, soy solo yo y el universo entero, bien podría irse al carajo.

 

Texto: Itzel Liévanos

Fotografía 1: Itzel Liévanos

Fotografía 2: Jorge Zubillaga

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