Zyanya


Dentro del baúl que es mi cuerpo se van encendiendo linternas (de fuego perenne), que alumbran poderosamente marcando los vértices y las coyunturas de mi figura, todas las curvas que suelto al sentir la música y me elevo y al mismo tiempo sucumbo, dócil, ante la perentoria fuerza de las notas, soy otra, soy suya.

Estoy parada en el medio de un lugar (cualquier lugar), la tibieza del suelo crudo en las plantas de mis pies se cuela hasta mis venas, hasta mi ombligo, hasta mi cabeza.

El sonido me sostiene, me posee, me atrapa, y voy  tratando de alcanzar su ritmo con la sutileza de mis manos, suaves, delicadas, mansas, con la rapidez de mis caderas, ágiles, ígneas, ávidas, los acordes son mis lágrimas, mis risas, mi aire, no hay otra vida, no hay mundo, no existe el tiempo ¿Qué son los segundos?

Soy luz, soy etérea, el bandoneón dibuja mis piernas, (tobillos, muslos y rodillas), me vuelvo infinita como la melodía, como el violín aullando, como la darbouka vibrando, como el laúd sollozando, ya no hay nada, soy ceniza flotando, soy un ave quizás, soy el mar, soy libertad.

Soy danzante, de sueños, de cielo, armonía, me vuelvo inmortal, antigua y nueva. Eterna. (Zyanya)

Texto: Daniela Dávila @danielaesamor

Música: “Alf Leila Wa Leila” (las mil y una noches) Oum Khalthoum

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